CANTABRIA24HORAS.COM, 2 de junio de 2014

La abdicación del Rey: un acto valiente que recuerda a los que propició en la Transición

La sucesión por Felipe no arregla por si misma ninguno de los problemas que hoy tiene España, pero es seguro que entramos en un periodo que se precisa atender muchas demandas de la ciudadanía.

En una valoración de urgencia sobre la abdicación del Rey, Juan Carlos de Borbón, se puede afirmar que estamos ante una decisión valiente y realista, que mira más a aquel tiempo de inicios de su Reinado en el que -recordamos-  tomó decisiones valientes que están en la memoria de muchos, cuando Adolfo Suárez lideró la transición hasta la Constitución de 1978.

Don Juan Carlos mantenía, entonces, todos los poderes del anterior jefe del estado, excepto la presidencia del Movimiento Nacional que de acuerdo con la Ley Orgánica del Estado pasó al Presidente del Gobierno.  Ahora -a partir de hoy, 2 de junio de 2014- acaba su etapa con una decisión que se puede considerar también valiente en lo personal pero necesaria para la proyección futura de la institución. Personalmente, considero que es bueno para España esta abdicación y que llegue al trono un Rey joven, más formado, que recoja todos los anhelos de la sociedad que son muchos y que están taponados desde la política. Aunque constitucionalmente no tenga poderes efectivos, sus discursos pueden alentar algunos de los cambios que exigimos hoy los españoles.

En treinta y ocho años de Jefatura del Estado de Juan Carlos de Borbón, ha habido tiempos brillantes, excelentes y buenos como Rey. Pero los cinco últimos años han sido malos en general, agravados por sus enfermedades. El viaje a África, la corrupción en su propia Familia con el duque de Urdangarín que afecta a la Institución al estar implicada la Infanta Cristina -que también debiera renunciar a pertenecer a la Familia Real-  y otras situaciones que no se precisa reiterar, han llevado a su Reinado por caminos peligrosos a pesar del apoyo cerrado del PP y PSOE.

El Rey Juan Carlos abdica

Abdica, por otra parte, en momentos en los que el espíritu republicano está en aumento y ello se ha evidenciado en las elecciones europeas del 25-M. La valoración de su Reinado, en general, es positiva y así se analizará por la historia. Pero para los testigos de este tiempo, presenta muchas luces brillantes y sombras en estos años finales.

Esta decisión de abdicar -que no estaba en la agenda de la Zarzuela con motivo de los recientes viajes del Rey a países árabes- tiene mucho que ver de lectura política. Así, abdica en un momento en que la sociedad española -y los resultados del domingo están ahí- comienzan a ir más allá de la indiferencia y el malestar pasivo ante la crisis. Los dos partidos sobre los que se sostiene el sistema político vigente -lo que se conoce por bipartidismo- han obtenido por primera vez menos del 50 por ciento de los votos, cuando hasta la fecha estaban cerca del ochenta por ciento, es decir, puede estimarse que se han comenzado a cuestionar hechos trascendentes surgidos a partir de las elecciones de 1977. El 25 de mayo, además, ofreció una composición electoral más proclive al republicanismo como espíritu que para la Monarquía; por tanto, se precisaba un hecho revulsivo como este de la abdicación.

De esta valoración hay que extraer, además, que en Cataluña ha ganado un partido que en su título lleva su vocación republicana, que no oculta, sino que manifiesta cada día más, vinculada a su propuesta soberanista En el País Vasco y Navarra, Bildu es la segunda fuerza y, por supuesto, cuestionan la Monarquía y el propio Estado “invasor” de su tierra.  Un nuevo partido titulado Podemos comienza a magnetizar a los jóvenes y a muchos descontentos de la izquierda oficial, pagando los platos rotos, sobre todo, el PSOE que se ha quedado sin secretario general. Por último, los casos de corrupción –en uno de ellos implicado un yerno del Rey- se han convertido en una crónica diaria de ese gran cáncer de nuestra democracia que representan las tramas corruptas. Es consecuencia, estamos en plena etapa de desprestigio de las instituciones de las que no se salvaba, últimamente, la Casa Real cuando tanto el Rey como la Reina eran recibidos más con pitos que aplausos.

Esta abdicación representa, como he señalado, un acto valiente como los de la transición, cuando siendo Jefe del Estado -con todos los poderes heredados de Francisco Franco-  interpretó inteligentemente con Adolfo Suárez que el camino que se abría a España era el de reinstaurar la democracia, sabedores que ello legitimaba la institución monárquica. Con la abdicación, por tanto, algo nuevo está por llegar. España lo necesita y lo exige. Las urnas del 25 de mayo hablaron y no hay otro camino que el de reformar el Estado para que el aire de libertad no esté tan viciado. Y, por supuesto, salgamos de la actual crisis económica que ha herido frontalmente a nuestros jóvenes y se extirpe una corrupción que es casi general. Lo que venga, se verá. La sucesión de Juan Carlos por Felipe no arregla por sí misma ninguno de los problemas que hoy tiene España, pero es seguro que entramos en un periodo que se precisa atender muchas demandas de la ciudadanía.

 

JOSÉ RAMÓN SAIZ FERNÁNDEZ
cantabria24horas.com, 2 de junio de 2014