EL MUNDO CANTABRIA, 29 de agosto de 2013

El P. Francisco Coello, arquitecto y dominico

Ha muerto en Madrid, a los 87 años, un arquitecto de relieve que apenas terminada su carrera abrazó la orden religiosa de los dominicos. El Padre Francisco de Coello de Portugal está en la historia de Torrelavega por haber sido el autor de los proyectos de los colegios de los Sagrados Corazones, de Sierrapando, y de Nuestra Señora de la Paz con su iglesia, hoy parroquia de todo el eje urbano que rodea calles tan significativas como la de Julián Ceballos, Dr. Fernando Arce o lugares históricos como el de la Llama, levantada muy cerca del cauce cubierto del Sorravides que baja hacia el Besaya por uno de los márgenes de la Pista Río, emblemático lugar de bailes al aire libre en los años sesenta y setenta.  Falleció el 16 de agosto, apenas unas horas después de la festividad de la Patrona de Torrelavega, que él bien conocía y amaba. Coello de Portugal está considerado como uno de los arquitectos católicos españoles más importantes de la segunda mitad del siglo XX.

Nacido en Jaén en 1926, después de terminar en 1953 la carrera de arquitectura en la Universidad de Madrid, dio respuesta a su vocación religiosa ingresando en los Dominicos. En el convento de la orden de Las Caldas de Besaya inició sus estudios eclesiásticos de Filosofía, un hecho que definiría como su “segundo nacimiento”. Su paso por la angosta localidad cántabra –carretera, ferrocarril y el río Besaya- siempre estuvo en sus recuerdos hasta el punto de sentir un gran interés por dirigir los proyectos de los colegios católicos de Torrelavega, circunstancia que le ofreció la oportunidad de ampliar sus vivencias de su etapa de estudiante dominico cuando ya había culminado la difícil carrera de arquitectura.

Su profesión de arquitecto no pasó desapercibida para sus superiores. En 1955 cuando culmina sus estudios en Las Caldas de Besaya para ingresar en la orden en Palencia, recibió el encargo de redactar el proyecto de un seminario menor y convento para los Dominicos en la Virgen del Camino, en León, en el que trabajó hasta 1961. Esta obra lo consagró como arquitecto, y sigue siendo una de sus aportaciones más significativas en el conjunto de sus múltiples realizaciones ya que vino a renovar por completo el panorama de arquitectura religiosa del momento, además de suscitar una polémica nacional, singularmente por la fachada del santuario.

Tras esta primera obra y su ordenación sacerdotal, comenzó a ejercer su profesión de arquitecto, abriendo en 1964 un estudio en el convento de Santo Domingo el Real (Madrid).  Ya para entonces, el P. Francisco Coello se había comprometido a redactar los proyectos de los dos nuevos colegios de los Sagrados Corazones que se encontraban en un gran espacio de la calle Julián Ceballos, reclamado con insistencia en los años del desarrollismo para nuevas viviendas. Coello elaboró primero el proyecto del Colegio de las monjas, en Sierrapando, y un año después llevó a cabo el del nuevo colegio masculino (que se había puesto en marcha en 1922 en el edificio de La Pizarra), para el que se fijó una ubicación  más próxima al casco urbano.

El planteamiento de los colegios es muy similar en cuanto a su aire expresionista y la utilización de los bloques laminares racionales para aulas y residencia, destacando en el caso del  Colegio Nuestra Señora de la Paz el volumen del templo. Su presencia más urbana condicionaron su diseño del conjunto, y significativamente el volumen de la iglesia que pasó a ser uno de los edificios más emblemáticos de Torrelavega. La parroquia de La Paz se creó en 1980, que lo es también de San Justo y Pastor, de Sierrapando, desde 1984.  Por su diseño de vanguardia en aquellos años sesenta -cuenta con tres cuerpos de edificios, un bloque destinado a la comunidad religiosa y el destinado a la enseñanza, además de  instalaciones deportivas-, se  trata de una meritoria obra incluida en el Inventario General del Patrimonio Cultural de Cantabria.

Además de definir el proyecto y sus contenidos de vanguardia educativa  -trabajos en los que contó con la valiosa colaboración del aparejador torrelaveguense, José Vicente Sámano- encargó la fachada del colegio al escultor catalán José María Subirachs, considerado una de las figuras capitales de la escultura contemporánea española, quien diseñó el muro definitivo, trabajando con los encofrados de hormigón en el que se dejaron impresas en varios idiomas la palabra PAZ, además de incorporar la imagen de la virgen. Todo un conjunto de gran potencia que en 2011 fue declarado monumento artístico. En 2003 cuando ya se había inaugurado la iluminación exterior del colegio, tanto el P. Francisco Coello de Portugal como José María Subirachs, Vicente Sámano y el P. Ángel Lucas recibieron un homenaje.

Los dos colegios se inauguraron en las jornadas del 19 y 20 de mayo de 1967, actos en los que estuvo presente el P. Coello. Sin duda, la persona que más le conoció ha sido el P. Ángel Lucas Martínez (1918), que en aquellos años era director del colegio de la Paz. Antes de llegar a Torrelavega, el P. Lucas residió en Roma treinta y dos años, ejerciendo oficios diversos entre otros el de Postulador General de las causas de los Santos, participando en la beatificación del Padre Damián de Molokai. Precisamente el padre Lucas recibió el primer premio que lleva el nombre del misionero de los leprosos de la congregación de los SSCC, instituido por los padres y madres de alumnos del colegio de la Paz. El P. Ángel Lucas regresó a Torrelavega en 1999, viviendo actualmente en la comunidad de Nuestra Señora de la Paz entre la estima y el respeto general.

De la generación de otro arquitecto distinguido, Fray José Manuel de Aguilar, ambos formaron parte de un movimiento de arte sacro que buscaba enlazar arte e iglesia, artistas y templos contemporáneos, en un ambiente abierto al lenguaje de la arquitectura moderna. El P. Coello a lo largo de su larga vida realizó unos trescientos proyectos. Su obra realizada tanto en tierras peninsulares como insulares, Asia, África y América comprende santuarios, monasterios, iglesias, centros sociales, colegios mayores, centros parroquiales, capillas, oratorios e incluso una catedral (Taipei- Taiwán); sus creaciones fueron siempre exigentes y cuidadosas, haciendo de la arquitectura una actividad trascendente en su intento profesional de llevar su eficacia y belleza al corazón de los hombres.

En estos últimos años de su vida llegaron los reconocimientos. En 1994 recibió la Medalla de Honor de la Real Academia de Bellas Artes y en 2007 pude asistir a su ingreso en la Academia de Doctores, que le asignó la medalla 59, adscrita a la sección de Arquitectura y Bellas Artes, solemne momento de su vida en el que dictó una lección sobre “las fachadas dominicanas de Castilla y León”. Un año después, en 2008, los Colegios de Arquitectos del Noroeste de España le concedieron el Premio Arqano. En 2001 se publicaba un monográfico de su obra titulado Fray Coello de Portugal, dominico y arquitecto, editada y publicada por la Fundación Antonio Camuñas y la Provincia de España de los frailes dominicos, que distribuye la editorial San Esteban de Salamanca.

El P. Coello está considerado uno de los nombres más significativos de la arquitectura religiosa contemporánea en España por sus afanes de renovar la arquitectura religiosa tan profundamente significativa en todos los tiempos y en todas las culturas. La coincidencia de valores –lo religioso y profesional- le proyectó como un creador de espacios cristianos, al tiempo que un predicador del arte de Dios, en palabras del P. Javier Carballo, Prior de los dominicos en España, que recordaba que el P. Coello de Portugal se había despedido de la vida como lo hacen los auténticos maestros de humanidad: “ilusionado hasta la víspera, porque un hombre sin ilusiones es ya un hombre muerto”.

 

JOSÉ RAMÓN SAIZ FERNÁNDEZ
El Mundo Cantabria, 29 de agosto de 2013