EL MUNDO, CANTABRIA24HORAS.COM, 31 de diciembre de 2014

Suárez-Tindemans, un tiempo de estadistas

 

Tengo varios recuerdos de Leo Tindemans, primer ministro de Bélgica entre 1974 y 1978, fallecido hace unos días. La imagen que ilustra este artículo -recuperada de mi archivo sobre aquellos años-  siempre la retendré en mi retina. Fue el 4 de noviembre de 1977 cuando Suárez llegó al aeropuerto militar de Melsbroek (Bruselas), después de un encuentro celebrado, horas antes, en la cancillería de Bonn con Helmut Schmidt.  Apenas pasaban unos minutos de las once horas cuando con mal tiempo y buena cara, el presidente español era recibido por su homólogo belga. Allí hablaron largo y tendido después de que los fotógrafos recogieran esa imagen bajo el mismo paraguas.

El nombre de Leo Tindemans está unido a los del canciller alemán, Helmut Schmidt, y del primer ministro de Luxemburgo, Gaston Thorn, que sintonizaron rápidamente con Adolfo Suárez y su doble empeño de trabajar en la recuperación de las libertades y el ingreso de España en la Comunidad Económica Europea, cuya cuenta atrás se inició tras las elecciones libres del 15 de junio de 1977. Tres políticos de raza y coraje unidos por un mismo pasado antinazi -el primero democristiano, socialdemócrata el segundo y liberal el luxemburgués- que fueron los más decididos en el respaldo y apoyo a su colega español y a nuestra transición a la democracia.

Meses antes de ese encuentro que aconteció en la segunda gira de Suarez por las capitales europeas, Tindemans había viajado a España cuarenta y ocho horas después de los intentos de desestabilización de la última semana de enero de 1977 , hecho que representó  un respaldo de gran valor político. Madrid seguía casi sin aire para respirar después de los asesinatos y secuestros de aquella semana. Recuerdo calles semivacías, madres que no llevaban a sus hijos al colegio, espectáculos solitarios, huidas de sus domicilios de los políticos más destacados de la oposición… Unas jornadas de nervios y gran tensión que, una vez superadas, abrieron el camino definitivo hacia las elecciones del 15 de junio.

La llegada, el 1 de febrero, de Tindemans a Madrid –con Oriol y el general Villaescusa secuestrados por el Grapo–  tenía un importante significado. Su elección por los jefes de Estado y de Gobierno de los nueve de la CEE para elaborar un informe sobre la Unión Europea y el futuro ingreso de España, le proyectaba como el principal estadista europeo, status al que sumaba la presidencia del Partido Popular Europeo que agrupaba a todos los partidos demócratacristianos de los nueve países comunitarios.

En aquellas circunstancias tan delicadas para el proceso español -faltaban aun dos meses para la legalización del Partido Comunista–  Tindemans escribió estas líneas que leyó ante los periodistas: “Lo que está ocurriendo en estos momentos en España es un fenómeno histórico. El Gobierno del presidente Suárez se esfuerza, con una gran voluntad, por transformar un régimen autoritario en una verdadera democracia. Todas las fuerzas democráticas tienen el deber de ayudarle en esta tarea extremadamente difícil (…). Es de sumo interés para el mundo que esta operación pueda llevarse a cabo de una manera pacífica y que sea coronada por el éxito”.  Unas semanas antes -como primer líder europeo que visitó La Moncloa- el canciller alemán Helmut Schmidt -que entonces expresaba más su simpatía por Suárez que por Felipe González- alabó la política reformista dirigida por   “el jefe de Gobierno que mayor éxito ha tenido en Europa (…).  Mi Gobierno ve con admiración y gran satisfacción la reforma política que usted dirige con tanta energía”.

Aunque en aquellos días se especuló con que la CIA o la KGB podían estar detrás de los asesinatos y secuestros, lo que pasó en realidad fue que superado con éxito el referéndum que marcaba la cuenta atrás para las primeras elecciones democráticas, la ultraderecha internacional que había encontrado cobijo –y también impunidad- en Madrid en los últimos años, jugó su apuesta definitiva por interrumpir el proceso hacia la democracia. No podía extrañar, por tanto, que entre los detenidos en aquellos días destacaron croatas y anticomunistas del este europeo –radicalmente contrarios a que Madrid normalizada relaciones con sus países-  fascistas italianos, «pides» portugueses, «lopezreguistas» argentinos, trujillistas  y militantes activos de la OAS francesa. Desde una visión de lo que aconteció en aquella época en la que España centró sus objetivos en afianzar la democracia y lograr el ingreso en la Comunidad Económica Europea, el apoyo y simpatía mutua entre estos destacados primeros ministros representó un capítulo estimable en la búsqueda de apoyo a las nuevas instituciones.

Suárez, Schmidt, Tindemans y Thorn (con el líder portugués Mario Soares) figuraron precisamente en los primeros puestos del sondeo que otorgó el título de político europeo más destacado en 1976 al jefe de Gobierno español.  En esta encuesta realizada por diversos institutos de opinión pública europeos (entre ellos el IFOP) para la revista Le Point, participaron 109 parlamentarios europeos de seis países y 6.632 personas que representaron a diversos institutos de sondeos.  Se subrayaba que del centenar de parlamentarios europeos, 22 socialistas (contra 28 conservadores) dieron su voto a Adolfo Suárez. Por otro lado, paradójicamente, en Francia su cota de aceptación era más fuerte entre los electores de la oposición (un 28 por 100) que entre los de la mayoría de centro-derecha (un 23 por 100). El resultado final otorgó un  25 por ciento de apoyos a Suárez, precedido de Helmut Schmidt (20 por ciento),  Soares y Tindemans (19 por ciento cada uno), seguidos de Gaston Thorn y muy distanciados los franceses Chirac y Barre.

Le Point  tituló en portada “Suárez sale vencedor”, comentando así los resultados: los encuestados no consideraron al Presidente Suárez -como se temía- como instaurador del “franquismo bis“, sino que se le ha identificado por su política prudente y rápida, a la vez, hacia una «democracia de tipo occidental». La revista francesa concluía su información destacando que el Presidente Suárez había obtenido un fuerte consenso en Europa. “En la hora en que España -subrayaba el comentarista- solicita entrar en Europa por la puerta grande, Adolfo Suárez la ha franqueado brillantemente».

En aquel viaje del recibimiento del paraguas, Tindemans resumió su entrevista con Suárez y sus deseos para España, explicando ante más de doscientos periodistas que tenía la sensación de vivir “momentos históricos que afectan a toda Europa, a la que España ha pertenecido siempre geográfica, histórica y culturalmente, y a la cual, tras algunos años de aislamiento, pertenece hoy políticamente y pertenecerá sin duda institucionalmente mañana, al convertirse en miembro de pleno derecho de la Comunidad Económica”.  Suárez, por su parte, siguió al milímetro su política europeista consistente en que no aceptaría ninguna fórmula de preadhesión y que España no estaba dispuesta a pasar por la antecámara para entrar en la Europa comunitaria.

Tiempos aquellos de estadistas que fueron capaces de abordar sus agendas nacionales y europeas con gran valor, inteligencia, consistencia y determinación. Winston Churchill, definió claramente lo que es un hombre de Estado: “El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”. Entre otras cosas para ser un estadista, se exige visión a futuro y tener la grandeza para concertar grandes acuerdos nacionales aunque sean ideas de otros. Existe, además, otra diferencia. El político miente para lograr sus máximas aspiraciones,  mientras que el estadista tiene el valor de decir la verdad por muy cruda que sea. Escribo de un ayer un tanto lejano y de un presente de muchos políticos y ningún estadista.

 

JOSÉ RAMÓN SAIZ FERNÁNDEZ
El Mundo-Cantabria, cantabria24horas.com, 31 de diciembre de 2014