Puyol en Cantabria: la aportación catalana a España

 

La consolidación del Estado de las autonomías ha significado uno de los mayores éxitos de Cataluña y del catalanismo político que ha pilotado todo el proceso.

- La presencia e influencia de catalanes en Cantabria - Gaudí o Domenech y Montaner - o, de cántabros en tierras catalanas - Pereda y Menéndez y Pelayo - fueron muy fructíferas.

 

La presencia en Cantabria del presidente de la Generalitat, Jordi Puyol, el gobernante del Estado con más experiencia tras algo más de veinte años ininterrumpidos en el ejercicio de su alta responsabilidad, representa una oportunidad para compartir algunas opiniones que nos evocan la excelente relación que ha existido entre las dos comunidades unidas, por algo más que el río Ebro, y que tiene unos antecedentes muy concretos en los viajes de don Marcelino Menéndez y Pelayo y don José María de Pereda a la Cataluña de finales del siglo XIX para defender sus aspiraciones como pueblo y su derecho a expresarse en la lengua catalana; presencia e influencia que podemos comparar, en otros campos, a las de Gaudí o Domenech y Montaner, fructíferas para ambas comunidades.

En su última legislatura al frente de la primera de las instituciones autonómicas del Estado, Jordi Pujol puede estar seguro de haber alcanzado una dimensión de hombre de Estado y, sin embargo, al mismo tiempo defensor con firmeza del progreso de Cataluña y los intereses de su pueblo; un ejercicio del poder basado en la sensatez, el sentido común, en definitiva, ese "seny" catalán tan decisivo en la consolidación de la España democrática y de todos los valores que encierra la Constitución de 1978. En este punto hay que ser concluyentes: por lo que significa Cataluña, su potencial económico, demográfico, institucional, cultural y lingüistíco, la estabilidad catalana que ha propiciado Puyol desde la Generalitat merece un reconocimiento público. La historia de los últimos veinticinco años nos muestra una reflexión incontestable: España ha superado todas sus encrucijadas del último cuarto de siglo gracias, sobre todo, a la estabilidad y la voluntad modernizadora que ha aportado Cataluña, reflexión que tiene mayor fuerza si apuntamos a la dura problemática vasca, todavía lejos de resolverse. Una etapa, además, en la que Cataluña no solo ha sido punta de lanza europeísta en España - incluso antes de la democracia -, sino también punta de lanza de España en Europa y el lazo más permanente.

Pero al mismo tiempo, la consolidación del Estado de las Autonomías ha significado uno de los mayores éxitos de Cataluña. Sin la comunidad catalana y el catalanismo, en España no habría triunfado el actual modelo de Estado frente al centralismo. Dicho con otras palabras: sin Cataluña hay pueblos en España - no todos, pero sí algunos - que no hubieran alcanzado su autogobierno o sentido la necesidad de profundizar en su personalidad e indentidad. Además, el éxito de la Constitución en su título VIII ha sido gracias a la confianza que Cataluña ha aportado desde un sentido común responsable a la España de las autonomías. Incluso, en su experiencia de apoyo parlamentarios a dos gobiernos de distinto signo político, podemos afirmar que el partido de Pujol aportó experiencia, vocación europeísta, madurez institucional y algo tan esencial para el progreso como la estabilidad, moderando las políticas económicas del socialismo y centrando las de los populares.

Las simpatías entre catalanes y cántabros comenzaron a percibirse tras la visita de Menéndez y Pelayo de 1888 y la publicación en 1891 del capítulo trece de "Nubes de estío" de Pereda, en el que el escritor de Polanco puso de manifiesto su fuerte reacción contra el "monopolio literario centralista", identificándose con las demandas de los escritores catalanes. No es de extrañar que Pereda en sus viajes a Barcelona estuviera rodeado de los escritores más significativos de la "Renaixença" como Narciso Oller, Miquel y Badía, Milá y Fontanals, entre otros, y que la "Lliga de Catalunya" le homenajeara con una sesión pública en honor de don José María. Fue en este acto en el que dejó una reflexión que en términos del siglo XIX - en el que imperaba un abusivo centralismo - nos acerca a la autonomía de hoy:

 

 

 

 

"Yo le diría al Estado desde aquí: Tómate, en el concepto que más te plazca, lo que en buena y estricta justicia te debemos de nuestra pobreza para levantar las cargas comunes de la Patria; pero déjanos lo demás para hacer de ello lo que mejor nos parezca: déjanos nuestros bienes comunales, nuestras sabias ordenanzas, nuestras tradiciones y libres concejos..."

A los catalanes de finales del siglo XIX llevó don José María un reconocimiento no frecuente en aquellos tiempos cuando afirmó en su discurso de los juegos florales de 1892 que "traigo guardado en el fondo del corazón, donde de antiguo anida y se nutre y cada día crece y se agranda, un tributo de adhesión y de cariño a vuestros usos y costumbres, a vuestras Letras y a cuanto hay de venerado y ejemplar en vuetro espíritu de apego indestructible a las cosas del terruño nativo.."

Firme e igualmente calurosa fue la reacción del catalanismo a la intervención de don Marcelino Menéndez y Pelayo cuando acudió a Barcelona en 1888. "El discurso del polígrafo montañés - escribió La Vanguardia - es y será siempre un acontecimiento en el catalanismo por la autoridad de su autor, por la convicción y el calor de la defensa, por la alteza crítica de su hermoso contexto", para añadir que "pueden convencer a muchos estas palabras del insigne maestro de lo que debiera ser una verdad indiscutible; que los hombres y los pueblos han de escribir en el idioma que mejor sientan si se quiere que produzcan obras seriamente literarias y que, por lo tanto, el catalanismo en literatura no es la manía de unos cuántos sino la necesidad de todo un pueblo".

Pero el reconocimiento no fue solo de Cantabria hacia Cataluña, sino que también llegó de tierras catalanas por esa sintonía entre sus intelectuales, pensadores y literatos. La mejor prueba la encontré un día leyendo un artículo del maestro Victor de la Serna en el que descubría un poema de Maragall, escrito en un catalán de Ampurdán que refleja una gran admiración por nuestro pueblo y pasado histórico que comienza así: "¡Cantabria!. Somos tus bravos marineros/cantando en las tempestades/".

Fue rica y fructífera la relación entre lo mejor de la Cantabria del siglo XIX con una Cataluña emergente que ha alcanzado en el Estado de las autonomías un protagonismo internacional desde el respeto a la Constitución, proyección de Cataluña que he analizado en un buen número de artículos y reflexiones, recordando aquellas que hice en varios artículos cuando el presidente Puyol nos visitó el 2 de julio de 1988.

Desde estas reflexiones damos la bienvenida al presidente Puyol para que defendiendo como catalán los intereses de su comunidad, aporte al Estado ese "seny" que también demostraron otros catalanes que ejercieron su condición en otras coyunturas o, aquellos contemporáneos suyos que dejaron una profunda huella humana. Especialmente recuerdo al honorable - en la expresión más amplia de la palabra - don Miquel Coll y Allentorn, Presidente del Parlamento catalán y que desde una amistad común me prologó mi libro "La Comarca en la Autonomía de Cantabria" y don Ramón Trías Fargas "el gran señor de Barcelona" como le definió el entonces alcalde Maragall, político de profundas ideas éticas y democráticas y de una impresionante talla intelectual y política.

ALERTA 27 de Julio de 2001.