¿Qué hay de lo de Cantabria?
Al cónclave socialista de Santillana del Mar hay que preguntar que soluciones tienen para evitar los perjuicios a una comunidad -la cántabra- por la soberanía fiscal de los vecinos vascos, que rompe la solidaridad y el principio constitucional de todos iguales ante la ley.

     Los dirigentes nacionales y territoriales del Partido Socialista se reúnen hoy en Santillana del Mar para debatir y concretar las políticas territoriales que tienen que estar, necesariamente, en el debate de las próximas citas electorales, nada menos que cuatro en unos meses: las elecciones de Madrid, Cataluña, Andalucía y las nacionales, que a su interés lógico se une el hecho de que significan el fin de la era Aznar, a quien al margen de sus aciertos y errores hay que aplaudir por imponerse el mandato de los ocho años y, además, cumplir la promesa.

En estos momentos existen varias posturas confrontadas en España: por un lado, el partido en el Gobierno que considera cerrado el Estado autonómico; por otro, el socialismo que aunque tiene una misma visión centralista de España, necesita -por su peculiar organización territorial- garantizar ciertas singularidades, como puede significar la propuesta de Maragall y, por último, el de los regionalismos y nacionalismos, que también presentan diferencias sustanciales por ese carácter independentista que alumbra y sostiene exclusivamente el vasco, y que no comparten unos y otros.

Sostengo la tesis de que el desarrollo del Estado de las Autonomías no está cerrado desde el respeto a la norma constitucional. Es posible que algunas Comunidades Autónomas estén muy cerca del máximo nivel de autogobierno, pero caben todavía reformas, nuevas competencias y derechos, insisto, desde el respeto a la Constitución vigente. Otro tiesto seria el de la reforma de la norma constitucional, que personalmente defiendo en cuanto a impulsar una modificación del Senado, una Cámara absurda en su actual configuración y que siendo una propuesta del PP ha quedado aparcada por el actual Gobierno Aznar. La Cámara Alta tiene que convertirse en la Cámara territorial, como ocurre en otros estados con larga tradición democrática y como exige la estructuración de España en Comunidades Autónomas.

Estimando el debate como positivo frente a tesis cerradas e inmovilistas, uno tiene que preguntarse por lo nuestro, por la postura del socialismo cántabro en esta cumbre de Santillana del Mar. Cantabria tiene un Estatuto muy lejos del de otras autonomías y, por otra parte, el Estatuto actual está sin desarrollar en algunos puntos sustanciales y de trascendencia incorporados en la última reforma. Como miembro de la Ponencia que debatió y definió la última reforma estatutaria -la del año 1998- recuerdo que defendí unas treinta enmiendas frente al consenso del resto de los partidos, todas ellas rechazadas. Algunas de aquellas propuestas contemplaban derechos que tienen los Estatutos de otras autonomías, pero también iniciativas que eran factibles de incorporar, como la de limitar el mandato del presidente de la Comunidad cántabra, que afortunadamente las urnas y los pactos posteriores dejaron en los ocho años propuestos.

Pero el problema que tiene Cantabria y que nadie ha aportado una solución al día de hoy -lo de las compensaciones económicas prometidas ha sido todo un camelo-, es el de nuestros vecinos los vascos, que tienen garantizada una soberanía fiscal, frente a la que Cantabria no tiene posibilidad alguna de confrontar. El Gobierno vasco puede desarrollar sin problema alguno políticas agresivas en cuanto a incentivos o exenciones fiscales a la hora de impulsar su desarrollo económico e industrial. Así, en torno al impuesto de sociedades, por poner un ejemplo, existen una serie de exenciones que al aplicarse el porcentaje real de presión fiscal es no menos de diez puntos por debajo del vigente para el resto del Estado. Y Cantabria con La Rioja son las dos Comunidades Autónomas más afectadas. ¿Tiene el PSOE que, además, ahora ostenta en Cantabria la Consejería de Economía alguna propuesta ante este daño enorme a nuestros intereses?. Estamos esperando impacientemente una alternativa desde el Gobierno de Cantabria.

Otro problema ya se ha expuesto reiteradamente en estas reflexiones semanales. Es el caso que demuestra que todos los ciudadanos del Estado no somos iguales ante la ley, tal y como proclama la Constitución Española. Nuestro jóvenes opositores no pueden acudir al País Vasco por el problema lingüístico; sin embargo, los excedentes vascos no tienen dificultad alguna para ingresar en la Administración cántabra y son muchas las plazas públicas, sobre todo en educación y sanidad, que ocupan en detrimento de los nuestros. Esto, sin duda, es una lacerante injusticia: un cántabro al desconocer el vascuence no puede opositar; sin embargo, un vasco no tiene problemas para hacerlo en Cantabria.

En fin, bienvenidos los debates -frente al inmovilismo radical- sobre el futuro del Estado. Hoy, Maragall defenderá en Santillana del Mar desde su visión catalana su idea al respecto, y nos parece bien. Pero esta comprensión hacia una comunidad tan dinámica y clave para la estabilidad de España, aconseja preguntarnos quién nos defiende a nosotros, y que es de lo nuestro. Es decir, lo de Cantabria. Ya apunto que no es cuestión de posicionarse contra unos derechos, en este caso, los del País Vasco, sino que los cántabros para competir en pie de igualdad alcancemos los mismos derechos. Esperamos respuestas.


ALERTA - 30 de Agosto de 2003

© José Ramón SAIZ


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