Prologo de don Pedro Crespo de Lara, escritor y poeta, secretario general de la Asociación de Editores de Diarios Españoles (AEDE), al libro 75 años de Historia de la Asociación de la Prensa (1989)

José Ramón Saiz Fernández es un cántabro nacido en Cartes y pasado por Madrid, donde ejerció muy joven el periodismo. Un día, cediendo al tirón del terruño natal, volvió a Cantabria con la ganancia de su experiencia de foramontano y la invirtió con acierto en el campo de sus dos pasiones: la política y el periodismo.

Intervino en el alumbramiento de la Autonomía de Cantabria y formó parte de los primeros gobiernos de la Diputación Regional. Es constante su actividad de escritor, de la que hace un libro cada año, y de conferenciante y promotor de iniciativas culturales de las más variada índole. A quien de tal modo rinde culto al trabajo no se le pueden negar unas palabras de saludo y bienvenida para su nuevo libro: 75 años de la Asociación de la Prensa, aunque me las haya pedido en mal momento cuando mis fuerzas intelectuales y físicas están ocupadas en otros menesteres inaplazables.

Este libro de José Ramón Saiz es una aportación interesante a la historia de Cantabria del siglo presente, a la par un homenaje que rinde un periodista distinguido a su corporación profesional, la Asociación de la Prensa de Santander, hoy de Cantabria, que acaba de cumplir 75 años.

Sin tiempo para adentrarme en su análisis constato un mérito del libro, que por si solo lo justifica y lo enaltece, que es un poder de evocación. Yo he sentido al hojearlo despertar los recuerdos de mis primeros goces periodísticos. Años 50. Se editaban en Santander, El Diario Montañés, Alerta y Hoja del Lunes. Eran sus directores, respectivamente, Manuel González Hoyos, Francisco de Cáceres y Julio Jenaro Abin, periodistas notables que supieron orquestar la colaboración de una brillante pleyade de escritores de periódicos o como gustaba precisar Cesar González Ruano.

Escritores en periódicos que por una rara conjunción de los astros coincidieron, por aquel entonces, en Cantabria. Recuerdo a Polibio, magnífico escritor con sus Grímpolas y Gallardetes y a José Antonio Quijano disfrazado de Facio Toperas, escribiendo de ferias y ganados, cosechas y tipismo campesino; el Duende de Campoo, con su sabrosa pluma costumbrista; Romero Raizabal, Cubría, José Antonio Mazarrasa; Alitar y Pertinax, nombres de guerra de mi amigo Alejandro Blanco, que acaba de morir, con una obra bien cumplida y gastado de penas profundas en su finca de Carrejo.

Consideración aparte merecen los poetas que se agrupaban en torno a Proel y La Isla de los Ratones y otros ingenios de pluma fácil, en que tan pródiga es La Montaña, cultivaron principalmente el artículo, el cual habían elevado a una alta consideración periodística y literaria la generación de Víctor de la Serna, Rafael Sánchez Maza, Cesar González Ruano, Pedro Mourlana Michelena, Agustín de Foxá, Eugenio Montes, al lograr un raro equilibrio de eficacia y belleza, tino y amenidad, que teniendo muchos quilates literarios llegaba, sin embargo, gozósamente al público.

Al volver la mirada atrás, ayudado por la colecta de hechos, bien dispuesta y ordenada que nos brinda José Ramón Saiz, siente uno refrescadas sus raíces entre la cordillera y el bronco mar de los cántabros y agradecimientos a aquellos periodistas nuestros que han dejado reseñadas en su obra las claves de un tipo de periodismo que es el que a mi más me gusta.: “el periodista es salvador de instantes y un cantor de lo cotidiano”.

Diciembre 1989