Se han celebrado en los últimos días diversas celebraciones con motivo del noventa aniversario de la inauguración, en Barreda, de la empresa Solvay, un hito en la industrialización de Cantabria y uno de los acontecimientos más significativos en la consolidación de Torrelavega como fuerza industrial de primer orden en el norte de España. Un aniversario que es el camino hacia un centenario que por la fuerza internacional del Grupo Solvay será, con toda probabilidad, un acontecimiento de primer orden del que se beneficiará no solo Torrelavega sino la comunidad cántabra.
Torrelavega, en 1904, contaba con tres publicaciones de gran interés informativo: El Impulsor, dirigido por el boticario Juan Francisco López Sánchez; El Adalid, defensor de las esencias católicas y que fundó el párroco don Ceferino Calderón y El Heraldo Montañés, que acababa de recibir el testigo de La Producción Montañesa, un semanario informativo que prestaba especial atención a la economía, los mercados y ferias. Estas tres publicaciones recibieron con entusiasmo la noticia de la instalación de Solvay para rebajar la primera crisis de La Azucarera Montañesa. Torrelavega, además, celebraba la construcción de la primera traída de aguas desde los montes de Cohicillos, proyecto en el que puso especial empeño el médico y concejal Adolfo Ruiz de Rebolledo y que inauguró el alcalde liberal Florencio Ceruti, barón de Peramola.
¿Que razones motivaron a la dirección de Solvay para instalarse en Barreda? Sin duda, que la proximidad a las materias primas como también a las vías de comunicación y a un curso fluvial, sin ignorar la trascendencia de su cercanía a los yacimientos de Polanco y Cuchía para la extracción de la sal y la caliza esenciales en todos sus procesos de fabricación. La socióloga torrelaveguense Soledad Nogués añade otra razón; la tranquilidad de Barreda, una zona entonces rural, sin tradición obrera, considerada como poco conflictiva y reivindicativa. A este contexto se unió otro no menos importante, como la excelente disposición del Ayuntamiento de Torrelavega para crear un ambiente favorable para que la empresa adquiriese tanto propiedades públicas como privadas para instalar la planta, lo que permitió que en poco tiempo la sociedad contara con 300.000 metros cuadrados de suelo agrario. Según relató La Producción Montañesa, en apenas tres semanas se cerraron contratos con más de cien propietarios que acordaron la venta a la empresa belga de una superficie de cinco mil carros de tierra, lo que permitió afirmar al primer director e ingeniero, Pablo Albán, afirmar que en poco tiempo “podrán verse ya las chimeneas echando humo”.
La afirmación de Albán fue cierta. Cuatro años después de colocarse la primera piedra, en 1908, comienzan a fabricarse las primeras toneladas de carbonato sódico, inicio del esplendor de la empresa conquistado año tras año. y que, además de los datos de producción, se comprueba con el crecimiento del entorno de la fábrica: así, desde 1907 hasta 1965 se construyen por la empresa 218 viviendas con la formación de los barrios Obrero y Quintana, además de una colonia residencial para directivos y el pueblo de Barreda pasando de apenas 250 habitantes a principios de siglo a casi 1.500 en 1940, transformaciones lógicas si tenemos en cuenta que en las dos primeras décadas de funcionamiento de Solvay la plantilla se triplicó y en 1958 alcanzó el mayor número de empleados, un total de 2.109.
Como los datos, estadísticas y desarrollo de Solvay ya se conocen con motivo de las conmemoraciones del noventa aniversario, quisiera fijar mi atención en dos hechos que no han sido suficientemente abordados: por un lado, la inauguración el 26 de septiembre de 1910 del hospital de la empresa, que fue un gran adelanto si tenemos en cuenta que la casa de socorro municipal, según relataba El Heraldo Montañés, presentaba un estado de abandono “y donde no se encuentra – afirmaba – el indispensable instrumental para salvar la vida de un lesionado”. Dos operaciones a cargo del médico de la Familia Real, el conde de San Diego, demostraron el alto nivel del hospital que fue recibido con estos elogios en el periódico local El Heraldo Montañés:”la productiva industria que tantos millones lleva a las arcas de los de Solvay, es la causa de que a las puertas de Torrelavega haya salas de operaciones dotadas del instrumental más moderno y de las comodidades y condiciones que exige la progresiva cirugía”.
Un personaje merece una aproximación a su personalidad. Se trata de don Pablo Albán, primer director e ingeniero que no solo trajo Solvay a Barreda sino que fue el descubridor de un yacimiento de petróleo en una zona que discurría entre la fuente denominada de Callejigar en Barreda y la casa llamada de Juanuco, lugar al que acudían los vecinos para recoger turba, que utilizaban como combustible de primer orden. Las primeras prospecciones las realizaron Enrique Sañudo y Manuel Martínez que pronto abandonaron por falta de fondos. Olvidadas las primeras tentativas, un día de 1914 paseaba por la zona don Pablo Albán y el alcalde Rodriguez Piró, acompañados del vecino Luis González Serna, iniciándose una nueva labor de búsqueda del petróleo. El director ingeniero de Solvay decidió investigar por su cuenta y gracias a una sonda, citada como “maravilloso progreso humano”, se descubrió un yacimiento de sustancia oleaginosa que, analizada, resultó ser petróleo que ofrecía doscientas calorías más que los de Méjico e igual que los de Pensilvania (Rusia) que eran los mejores del mundo. El yacimiento debió ser de gran calidad ya que el coche del señor Albán comenzó a utilizar con éxito gasolina elaborada del petróleo descubierto, según informaba La Hidalguía Cántabra. Se habló que el descubrimiento se valoraba en “millones de duros”; sin embargo, el petróleo no apareció en la cantidad necesaria y de la euforia se pasó al escepticismo.
Noventa años después, Solvay es una de las factorías más importantes del mundo. Conste en este aniversario, el recuerdo a cuantos trabajaron con ilusión para que la empresa se convirtiera en líder de su sector y que hoy representa no solo una seña histórica de nuestro pasado industrial, sino un ejemplo del brillante espacio industrial que deseamos para Torrelavega y Cantabria.